La comida

nació en las memorias de los  niños que llegaron desplazado por la violencia, con la nostalgia de los sabores de su tierra y el asombro de un menú nuevo servido en el círculo de aprendizaje. Lunes: un plato sencillo de atún, pero lleno de promesas. Martes: el arroz con pollo compartido que sabía a compañía. Miércoles: arroz con huevo que devolvía fuerzas. Jueves: la rica carne compartida que enseñaba a esperar. Viernes: la bandeja paisa que hacía sonreír la tarde.

Así se construyó la canción: como inventario de sabores, como calendario de esperanza, como relato de un niño que en la comida encontró refugio, un pedacito de hogar prestado, una manera de aprender que la vida se alimenta de pan, de letras y de sueños.

 Uso pedagógico y didáctico en el aula

Uso pedagógico:

  • Sensibilizar a los estudiantes frente a la realidad del desplazamiento forzado y cómo lo cotidiano (la comida) se convierte en símbolo de resiliencia.

  • Promover la gratitud, el respeto y la solidaridad a partir del reconocimiento del valor de los alimentos.

  • Rescatar la memoria cultural y gastronómica como parte de la identidad y la diversidad.

Uso didáctico:

    • Matemáticas: usar el menú semanal para organizar tablas, secuencias numéricas y problemas de conteo.

    • Lengua y literatura: escribir relatos o poemas sobre comidas que evoquen recuerdos familiares o comunitarios.

    • Ciencias sociales: reflexionar sobre la seguridad alimentaria, la equidad y el derecho a una alimentación digna.

    • Arte y música: ilustrar o dramatizar la canción, crear nuevos versos que nombren alimentos significativos para cada niño.

    • Ética y valores: abrir un diálogo sobre el valor del compartir y el cuidado de los recursos.


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